Automatizando (I)

Utilizo GNU/Linux Ubuntu 10.04 actualizado a la última.

He decidido aprovechar el computador para lo que lo necesito, y no perder tiempo en hacer pequeñas cosas que son necesarias pero que pueden ser automatizadas.

Lo primero que he hecho ha sido buscar algo para simular la presión de una o varias teclas a la vez, desde un comando. En una entrada de un foro he encontrado la herramienta adecuada, y ahora ya puedo utilizar KeePassX y su maravilloso Auto-Type para entrar en las páginas que necesitan contraseña.

El próximo día que me ponga haré el trabajo de Firefox: abrir pestañas, utilizar lo que acabo de explicar y lo más difícil, comprobar que si tengo algún correo nuevo no me cierre Gmail y que si no lo tengo me abra ahí mismo Google Reader.

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¿El sentido del cristianismo en el día a día?

Cada día me levanto y mi fe en Jesús de Nazaret no es determinante para mi perspectiva matutina. ¿Qué fe es la que poseo, que ni siquiera es capaz de ponerse en mi mirada al levantarme?

Hay gente que hace oración, pero a mí con eso me falta algo. Lo que suelo hacer es esperar unos segundos para darme cuenta de lo milagroso que es vivir un día más (dando por supuesto que no moriré ese día, claro), pero eso tiene el problema de que si tienes un día malo la Presencia se difumina rápidamete en pos de nuestras obligaciones no deseadas, circunstancias inapropiadas para lo que querríamos nosotros, o cosas así.

¿Tendrá alguien una rutina buena? A veces pienso que me centro demasiado en lo que hacen los demás, para poder aprender de ello, que en crear yo mi forma.

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¿Nuevo principio de incertidumbre?

Acabo de leer una noticia que me ha parecido bastante relevante para la física y la informática, y me gustaría compartirla.

Resulta que utilizando “memorias cuánticas” (lo pongo entre comillas porque aún no se ha construido una tangible) las medidas que podemos realizar sobre una partícula son más precisas que lo que el antiguo Principio de Incertidumbre de Heisenberg permite. Es más, a priori podemos medir con precisión arbitraria su velocidad y su posición (u otras dos propiedades complementarias de la partícula) aumentando el grado de entrelazamiento cuántico.

Las fórmulas y todo el razonamiento están en el enlace original, para quien quiera consultarlo, pero a mí me llamaba mucho la atención la noticia porque cuando leí El universo en una cáscara de nuez, de Stephen Hawking, recuerdo que me llamó poderosamente la atención una súper ecuación que en el mundo teórico se conoce como “Ecuación de Schrödinger” y que permite conocer la evolución temporal de una partícula (no relativista y con muchas condiciones, eso sí; recomiendo mirar la wikipedia para mayor información) dados una serie de parámetros. Era muy joven cuando lo leí, y no me di cuenta de que algunos de estos parámetros no se pueden conocer con suficiente precisión debido al amigo Heisenberg, y mis ilusiones de predecir el futuro se fueron al traste.

Ahora con esta noticia, y sin entrar en debates de si el universo es determinista o no, me renace la duda: ¿podríamos conocer el movimiento futuro de una partícula con las nuevas ecuaciones (Schrödinger se quedó lejos, ahora parece que es Dirac el que manda porque introduce la relatividad en la ecuación)?

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Abandonarse

Las personas tendemos a pensar que podemos tener todo amarrado, o que todo puede salir de la forma que creemos que es la mejor. Nos encanta sonreír al comprobar cómo otras personas o momentos se chocan contra aquellas barreras que nosotros hemos puesto para contener lo que pueda pasar. Niños que dejan de divertirse porque creemos que es demasiado peligroso que sean felices saltando y atrayendo miradas de adultos indiscretos o curiosos; adultos que pasan por el suplicio de querer algo que no pueden conseguir simplemente porque estaría mal visto o porque “puede que a alguien le haga daño” (cuando en realidad lo que tenemos es miedo de que no nos salga bien); y también, por supuesto, jóvenes que tienen un futuro alentador pero a la vez responsabilizador de todas y cada una de sus acciones en el presente. Estos jóvenes intentan controlar lo que pasa a su alrededor para que nada, NADA pueda cambiar lo que ellos creen que es lo mejor por encima de todo.

Sí señores, el abandono está detrás de todas estas puertas cerradas. Hace unos días lo experimenté en mis propias carnes, y por supuesto no conseguí superar la prueba. Resulta que fuimos a patinar mi grupo de la parroquia, y casi todos sabían patinar menos dos: una chica y yo. Yo personalmente iba confiado, siempre he sido deportista y estaba esperanzado en que no me costara aprender una actividad física nueva. Se podría decir que en mi cabeza estaba la regla de tres de que si sabía jugar bien al baloncesto, entonces patinar sería simplemente como aprender un movimiento más. Y eso nunca me ha costado mucho.

Ah amigo, pero es que últimamente también me he dado cuenta de otra cosa: el baloncesto y sus movimientos tienden más al control de los miembros del cuerpo para lograr un objetivo que el de dejar que el cuerpo se mueva con libertad para conseguir belleza. Y así fue como no supe abandonarme para que fuera el hielo el que me hiciera patinar: yo estaba obstinado en hacer que fueran mis piernas las que me llevaran sobre el hielo. Pasaron las horas y mientras que la otra chica se veía que aprendía a pasos agigantados, yo no había logrado soltarme de la valla más de 3 segundos.

No sé abandonarme. Y sospecho que no soy el único. Pensamos que lo hemos conseguido, que ya hemos logrado aprender a abandonarnos cuando es necesario y a controlarnos cuando también lo es, pero no. Ahora entiendo lo que dice la gente que sabe de que nunca alcanzamos la verdad al 100%. No es por tiempo, ni por la cantidad de conocimiento científico que existe (que también, pero no es exclusivo): es porque pensamos que controlamos algo, pero en realidad cuando de verdad controlamos algo es más bien que ese algo nos controla a nosotros.

Mañana voy a asistir a unos votos perpetuos de uno de los hermanos de la comunidad de los Misioneros del Espíritu Santo (MsPS, “mispis” para los amigos). Y el viernes, durante su envío, me quedó rondando en la cabeza todo lo que nos había dicho y lo que significaba: habló de plenitud, de vocación, de camino… Nada me sonaba a chino, pero Nacho me transmitía algo que ahora puedo poner con palabras: él ya sabe quién es, y su decisión de dedicación a la vida consagrada es parte de la realización de sí mismo. Pero esa decisión tan dura en algunos tramos del camino se hace clara y meridiana cuando llegas al final: no soy yo quien se responsabiliza, sólo soy un pobre siervo que se entrega a Alguien que nos Ama y que, particularmente, me ama con locura.
Este misionero ha dejado atrás rostros en varios países de América, vidas compartidas y sueños realizados y construidos durante su estancia en diferentes comunidades, con diferentes personas y en diferentes actividades. Sabe lo que es perder, dejar atrás para irse a otro sitio, no olvidando pero sí con la determinación de seguir cumpliendo con su vocación en todo momento. Y ahora va a tomar el siguiente paso, el “para siempre”, el “por siempre jamás”. Se abandona por completo.

¿Cuántos matrimonios se sostienen por esto? ¿Cuántos viudos y viudas, cuántos solteros y solteras continúan con fe su camino por haber sido capaces de abandonarse?

Comprobaron con su vida que el control pone límites, mientras que el abandono da alas. Ojalá no dejemos nunca de abandonarnos poco a poco, hacia una vida libre y auténtica al 100%, con las personas a las que amamos y sin el temor de que “algo salga mal”.

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Amor y entrega

La definición de “amar” que más me ha marcado a mí es la de “dar de lo poco, todo”. Desde que la escuché ha sido mi referente a la hora de pensar en este tema tan manido y tan importante, y hoy mucho me temo que voy a escribir acerca de ponerlo en práctica en la vida real, con un amor no teórico sino real y con una persona no ideal sino… sí, efectivamente, MUY real.

En toda pareja hay disidencias, encontronazos, discusiones fuera de tono (por uno y por otro lado) y hasta rupturas temporales. Suele ser lo común, pero la verdad es que es de alegrarse que ocurra todo eso. Aprendemos, vivimos, sentimos, pensamos… el dicho que dicta “lo mejor de las peleas es la reconciliación” cobra un nuevo sentido cuando amas a alguien y discutes con él o ella.

Sin embargo, hay algunas de estas discusiones que son punto de inflexión. No tratan precisamente de cómo llamar a ese hipotético hijo que hipotéticamente tendríamos si hipotéticamente nos casáramos en algún hipotético día: trata de qué hacer con los padres si no saben que estamos saliendo, o qué decir cuando una amiga común está mal con uno y trata de mejorar con la ayuda del otro, o qué decidir cuando hablamos de entrega sin miedos y sin metas aquí y ahora.

Para los primeros meses de la relación no hace falta más que vivir el momento y no hacer cosas que tú, simplemente, no quieres hacer. O más bien crees que no quieres hacer. Pero cuando vivís momentos, os dáis cuenta de cosas que en verdad sentís y el corazón empieza a latir a ritmo de salsa cuando el otro os mira a los ojos en cualquier momento… entonces ya la cosa cambia. No se trata sólo de palabras bonitas, de besos apasionados y sinceros, de consejos de amigo y de miradas de enemigo amoroso.

Ya empiezan a juntarse líneas de vida y si alguno de los dos no lo evita empezaréis a vivir en otra realidad. Pero para meterse de lleno en ella hace falta una cosa: determinación y compenetración. Uno puede ir a remolque en unas cosas, otro en otras diferentes pero al final cuando entráis en ese punto de “mixing up” hay que superar puntos en todas ellas.

Ahora no llegamos a que amar es dar de lo poco todo, no: ahora partimos de que amar es dar de lo poco que somos, todo. Los miedos existirán, pero la voluntad es más fuerte: no en vano el amor es la fuerza más poderosa de este maravilloso universo (o en palabras de la película Moulin Rouge, what a wonderful world). No podemos continuar dando de lado nuestras perspectivas por aspirar a ser absolutas: cuando viene una intuición que corta de raíz con lo que antes se había pensando, préstala atención. Si es una intuición que nace no del egoísmo, ni del interés vano, ni de ningún valor mundano sino que nace de una consciencia de amor pleno y sincero, haz caso.

Entregar todo es difícil, pero no imposible. Confiar en ello es difícil, pero no imposible. El mundo es una caja de sorpresas, y a mí ahora se me viene una pregunta a la cabeza: ¿por qué no ser?

No metas el pie en el río y te quedes ahí parado: zambúllete, nada, disfruta, sumérgete y escucha el rumor del agua que abre caminos en vez de esperar a que se los abran. Dios te ama. Nada es imposible para Ti, reza una canción de la Hermana Glenda. Menos palabras… y más vivencias. No hagas locuras: ni te dejes llevar por tonterías, ni dejes escapar la belleza de la vida.

Para Stephanie, a quien amo y quien me hace feliz y siempre me enseña.

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El futuro y el ahora

Después de un buen tiempo sin escribir, hoy aprovecho un día de descanso que me doy y escribo sobre este tema que me gusta lo suyo: el futuro y el ahora. Con esta entrada espero poder expresar lo que pienso de la frase “vivir el momento” y también del tiempo en cuanto a momentos. Espero hacerlo bien.

Cuando aprendí en 1º de Bachillerato la principal idea del amigo Parménides mi mundo intelectual explotó. Tenía tantas implicaciones esa presunta obviedad expresada en “el ser es y el no ser no es” que se me abrió un campo totalmente nuevo para mí; de hecho, aún hoy me da que pensar. Una de las ramas que tocó es la del tiempo. La supuesta inmutabilidad del ser que se puede razonar de la frase anterior me hizo preguntarme la idea de… ¿y el tiempo, qué es? Primero pensé en el cambio, ¿qué es el cambio? Porque si el cambio no existe, entonces el tiempo ¿qué sentido tiene? Desde esta idea redefiní mi palabra “cambio” viniendo a decir que un cambio es un simple descubrimiento de algo que siempre ha sido pero que hasta el momento de captarlo no ha influido en mí conscientemente. Es interesante porque desde este punto de vista podemos evolucionar la idea de tiempo como más bien un conjunto de momentos los cuales se suceden unos a otros y que están intrísicamente relacionados; y entonces, ¿a qué viene lo de los segundos, minutos, horas, días, meses, años, décadas, etc.? Al menos desde mi experiencia personal el tiempo tiene mucha más  realidad si lo asumo como momentos y no como medidas arbitrarias deducidas científicamente.

Un ejemplo claro es el de los recuerdos. Nosotros no nos acordamos de “tal día a tal hora pasó tal cosa”, sino “el día en que yo estaba pensando tal, o me había pasado cual, pasó esto”. La fecha es accesoria, y sólo en momentos muy importantes cobra relevancia a modo de celebración especial (aniversarios, claro ejemplo).  Yo para explicar esto acudo a otra de mis bases, la frase “no estoy solo”, y recuerdo algo que he aprendido en lo que llevo de carrera estos años: el ser humano en nuestra sociedad actual necesita convenciones para convivir. Las horas son sólo eso, convenciones para poder decir “quedamos en tal sitio a tal hora” y no “cuando sientas que te apetece, ven a tal sitio”.

Sin embargo, en mi imaginación la sociedad perfecta se regiría por un tiempo como el de la última frase. ¿Por qué? Es simple: todos haríamos lo que quisiéramos en todo momento, luego si yo quiero quedar contigo y tú quieres quedar conmigo podríamos simplemente ir y el otro estaría también ahí en poco tiempo porque ambos tendrían una inquietud común que los uniría en el espacio-tiempo (me pongo físico jajaja). Parece una locura, pero aquí pongo un ejemplo de lo que podríamos entender como una aproximación al modelo que sugiero: en mi grupo, en las convivencias, hace tiempo que decidimos no repartirnos las tareas para fregar, recoger, etc. La decisión surgió en un campo de trabajo (si mal no recuerdo) debido al increíble ambiente de compañerismo que vivíamos. Todos ayudábamos sin que nadie nos dijera “tú haz esto, tú aquello”; éramos lo suficientemente listos como para ver dónde podía ayudar yo mejor y colaborar ahí inmediatamente (en doble sentido jejeje, inmediato de tiempo e inmediato de “sin mediación”). A mí me maravilló, me sentí tan bien… y el resto también. Y no hace falta ser el hombre más maduro del mundo para vivir esto, nosotros teníamos no sé si 16 ó 17 años.

¿Qué os parece? ¿Os lo podéis imaginar? Hacer siempre lo que queremos realmente, y regir el tiempo de esta manera, por intuición, por consciencia. Pero evidentemente no es fácil, al menos en la actualidad. De hecho, hay problemas mucho más importantes para nuestro hoy que pensar en cómo conseguir algo de este tipo. Y una de esas cosas es el tan manido “vivir el momento”. Con la idea del tiempo como conjunto de momentos (podéis aplicar el sentido matemático a la palabra conjunto, para visualizar la intersección, la simetría, etc. ;) ) podemos obtener una nueva perspectiva de esta frase.

Yo creo que cuando la gente dice esto nos referimos más que a momentos, a instantes. “Vive el instante”, olvídate del resto, vive el ahora tangible (y digo tangible). Para mí, hablando así estamos equivocándonos porque dividimos algo que no es dividible, con la consecuente pérdida de sentido que conlleva (ni el ser humano es su brazo, ni el todo es la suma de sus partes). Sin embargo, entiendo muy bien que nos dejemos llevar por algo así: necesitamos volver a empezar, tener la sensación de que nuestra vida es nuestra y de que llevamos el control. Pero si miramos esto radicalmente… en realidad es así cuando no tenemos el control. Yo defiendo una idea de vida completa, no de un mero instante, y que esta vida completa se rija por nuestros momentos. Si conseguimos hacer lo que queremos en el momento en que vivimos, la vida rueda sola porque los momentos se suceden naturalmente, sin que nosotros lo tengamos que provocar. Si vivimos el ahora tangible, al ahora que puedo tocar que vivo, me pierdo todo lo que me ha llevado hasta ahí y todo lo que quiero hacer después de ese ahora.

Para acabar, relación con el título. El futuro es el ahora intangible. Cuando vivimos momentos y no instantes, podemos captar el futuro y viviro en tanto que cada instante es pasado y futuro a la vez. Si no negamos la dimensión vital de nuestro instante, el futuro es nuestro y nuestra vida la dirigimos nosotros mismos.

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Perdón

Perdón por el ruido, perdón por las voces
perdón por el sigilo, perdón por ser un once
perdón por caer al precipicio, perdón por no saber levantarme.

Perdón por hacer y no decir, perdón por sufrir y no temer
perdón por entrar y no salir, perdón por reír y no socorrer
perdón por amar y no medir, perdón por compartir y no saber ver.

Perdón por mirarme a mí y no a ti, perdón por soñar y no sonreír
perdón por divertir y no trabajar, perdón por dormir y no recordar
perdón por morir y no levantar, perdón por cumplir y no disfrutar.

Perdón por mí, perdón por dudar
perdón por sufrir, perdón por aguantar
perdón por latir, perdón por olvidar.

Perdón por el ruido que puedo generar cuando fracaso, cuando me equivoco o cuando me callo.
Perdón por las voces que doy aunque esté callado, aunque sólo con la mirada manifieste mi desesperación.

Perdón por el sigilo, por no saber cuándo hablar o cuándo callar y camuflarlo con atención en el silencio.
Perdón por ser un once, por querer juntar dos unos en vez de sumarlos, por tener miedo a salir de mí mismo y ser simplemente feliz.

Perdón por mis caídas, por las veces en que fracaso y sólo miro hacia abajo.
Perdón por no saber levantarme, perdón por atarme a una pequeña estaca y creer que no puedo ser completamente libre.

Perdón por hacer y no decir, por querer salir solo y no querer pedir ayuda.
Perdón por sufrir y no temer, por tener siempre esperanza y vivir el sufrimiento como es y no como el miedo me obliga a vivirlo.

Perdón por entrar y no salir, perdón por querer estar en todas partes y por tener miedo a que me echen.
Perdón por reír y no socorrer, perdón por ser tan seguro y no poder ayudar a quien es inseguro.

Perdón por amar y no medir, perdón por querer dar el infinito sin pensar en que la otra persona necesita aún empezar a caminar.
Perdón por compartir y no querer ver, perdón por dar mucho y comprender menos de lo que debería lo que necesitan.

Perdón por mirarme a mí y no a ti, por creer que mi felicidad siempre lleva a la felicidad del resto porque siento que no busco la mía, sino la suya.
Perdón por soñar y no sonreír, por no dejar que la alegría guíe los momentos tristes y los tristes los momentos alegres.

Perdón por divertir y no trabajar, por aprender mucho y no deleitarme con el recuerdo, con el todo entero.
Perdón por dormir y no recordar, por ser más feliz por unos momentos y a la hora de levantarme empezar a olvidarlo.

Perdón por morir y no levantar, por fracasar y no ser capaz de reponerme, por dudar de los que me quieren ayudar a levantarme.
Perdón por cumplir y no disfrutar, por no aprobar los exámenes porque disfruté y aprendí sino por sentir una presión que me hace también suspender.

Perdón por mí, por todo lo que soy y en realidad nunca fui, por querer ser algunas veces quien no soy.
Perdón por dudar, por dudar de quién soy, de quiénes sois, de quién me quiere y de con quién puedo contar.

Perdón por sufrir, por no querer disfrutar cuando debía y por provocar sufrimiento innecesario a mi alrededor.
Perdón por aguantar, por aguantar el sufrimiento que por dentro me atormenta y que tengo miedo de mostrar por si me rechazan.

Perdón  por latir, perdón por no vivir la vida que se me regala.
Perdón por olvidar, por olvidar que amo y que no estoy solo,  por olvidar que la vida es sueño y que yo soy un regalo.

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